En tu chocolatera derramo cenizas y aún me llama esa melodía única.
Quiero irme y no me suelta esa ausencia tuya
presente en cada movimiento que das.
Y la adhieres a tí, tan mínima y absurda como aparenta.
Espero que su frasco contenga los satélites que me han bañado de tí,
para que así pueda amarte ella tal como yo misma no me permití...
Te amo.. Largate!
Pero dejame ese ritmo decadente,
esa poca importancia que le das a todo.
Dejame tu música y vete tú a crear discordias.
De todos modos quisiera cabalgarte
y con seguridad se quedará prendado este deseo sobre tu piel.
Por qué me encanta tu acidez?
No has hecho más que darme un cigarro
y con él la verborrea de este amor inexistente.
Me lees y así sigo creando universos y destruyendolos a tu nombre.
Por qué no puedo yo tragarte dulcemente?
Dejame esta noche y su gente
que yo te dejo mis pechos temblorosos por tu aliento...